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La idea de alimentarnos con un cultivo de microbios puede parece desagradable y hasta repugnante, pero eso es precisamente lo que hacemos cada vez que comemos yogurt, pues se trata de los bacilos búlgaros que son una clase espacialísima de bacterias muy benéficas para nueslra salud. Los pueblos antiguos, que nada sabían de microbios y bacterias, pronto se dieron cuenta del magnifico valor nutritivo del yogurt. EI origen de este singular derivado lácteo se remonta a los tiempos bíblicos, cuando numerosas tribus nómadas deambulaban par el Medio Oriente, Europa y el Asia Central, con provisiones de leche en el lomo de sus camellos, lugar no muy higiénico y tibio donde seguramente se fermentaba y las bacterias se multiplicaban rápidamente. No fue sino hasta 1908 que el mundo Occidental supo de la existencia del yogurt; gracias a los trabajos, Ilya Metchnikov, quien por primera vez aisló las bacterias lácticas en los laboratorios del Instituto Pasteur de París. Melchnikov, sabía que muchos pueblos europeos orientales, Rusia entre ellos, vivían hasta los 100 años o más y que todos consumían grandes cantidades de este alimento. Bajo el microscopio descubrió que millones de bacterias habitan en el intestino humano normal, unas benéficas y otras no tanto; el aspecto de estas bacterias era semejante al de las flores, por lo que les dio el nombre de flora intestinal. Descubri6 también que con los malos hábitos alimenticios se desarrolla la flora intestinal enemiga, que produce gases, estreñimiento y diarrea. ¿Podría esta intoxicación crónica ser la responsable de la vejez prematura, y las bacterias del yogurt, al eliminarlas, favorecer la longevidad?. Esta fue precisamente, la conclusión final del ilustre científico. Aunque no esta confirmado de manera indiscutible, la verdad es que su riqueza nutricional es ideal para mantenerse saludable, lo que constituye el primer paso para lograr la longevidad. Experimentalmente, se ha visto que destruye con gran rapidez diversos microorganismos productores de enfermedades entre ellos los de la tuberculosis. Una taza de yogurt equivale en poder antibiótico a 14 unidades de penicilina. Su contenido de calcio se encuentra disuelto en ácido láctico, mas fácil de digerir; por esta razón este producto es excelente alimento para niños, ancianos y enfermos. Es ideal para las personas que no toleran la lactosa de la leche, pues esta ya ha sido predigerida por las encimas de las bacterias acidófilas. Las vitaminas del complejo B, como la vitamina K son producidas en los intestinos de quienes consumen yogurt, cubriendo las necesidades de dichos nutrientes: Quizá el beneficio más grande del yogurt sea su virtud para controlar el colesterol en el organismo. Un notable investigador, el doctor George Mann comprobó que el aumentar la ingestión del yogurt, los niveles del colesterol bajaban más, también comprobó que actuaba como un laxante natural produciendo un excremento mas suave que se elimina con mayor facilidad. El mejor yogurt es el hecho en casa, tanto por su calidad nutritiva como por su costo; además no contiene azúcar ni sustancias químicas como: conservadores, colores y sabores artificiales. Haga la prueba usted mismo, sólo necesita un litro de leche entera o descremada, media taza de leche en polvo y 2 cucharadas de yogurt casero o comercial; déjelo incubar durante toda la noche en un lugar tibio (por ejemplo, cerca del piloto de la estufa de gas). Si las bacterias estaban vivas, al otro día tendrá
usted una taza de delicioso yogurt; en caso contrario, la taza contendrá
leche algo ácida tal vez, pero solamente leche. Colaboración de Manuel Portilla Quintero.
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