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Al llegar a América los conquistadores españoles se encontraron con que las hojas del papayo se utilizaban como jabón para lavar la ropa y para suavizar carnes duras, envolviéndolas en las hojas poco antes de cocinarlas; esta propiedad de la papaya sería redescubierta siglos después por químicos orientales que jamás la habían probado, pero con ella han disfrutado de bisteces más tiernos y blandos, gracias a un producto japonés que fue el primer ablandador de carnes puesto a la venta en el mundo, elaborado a base de papayas. Desde hace siglos los habitantes de la América tropical ya habían descubierto enormes cualidades de las enzimas de la papaya: la papaína, y la quimopapaína. La papaína era utilizada para sanar las heridas infectadas, tiempo después -mucho antes del descubrimiento de la penicilina- estas enzimas fueron utilizadas para disolver la membrana que se forma en la garganta durante la difteria. Todos los alimentos crudos contienen enzimas, pero las de esta fruta son muy especiales. Una de las propiedades de la papaína es su capacidad para digerir proteínas en el cuerpo humano facilitando la digestión de los alimentos. Las enzimas de la papaya actúan tanto en medios ácidos, neutros o alcalinos; esta propiedad confiere gran importancia en casos de úlcera gástrica, pues les ayuda, a digerir las carnes y otros alimentos proteicos. Dos hojas de papayo con una ramita de hierbabuena hervidas en medio litro de agua, son lo ideal para utilizarlo en caso de gases, dispepsia o úlcera gástrica. La papaína solamente digiere las proteínas de los tejidos muertos y es completamente inactiva frente a los tejidos vivos; esta asombrosa propiedad de desintegrar los tejidos muertos sin afectar a los vivos le ha valido el titulo de bisturí biológico, ya que a veces hace innecesarias las operaciones para extirpar tejidos muertos o infectados. Así, la papaya ha pasado de humildes expendios en los mercados, a lugares privilegiados en los laboratorios. La Universidad de Burdeos en Francia ha realizado intensos estudios, asombrando a científicos de los descubrimiento que han hecho. La papaya contiene propiedades contra la osteomielitis, las heridas infectadas, las fístulas y aun faltan estudios para completar la investigación. La papaína neutraliza también las toxinas del tétanos y de la difteria; licua y desintegra también el pus, desalojándolo del sitio donde se formó limpiando internamente la lesión. Es un gran antihelmíntico, antidiarreico en niños pequeños y corrige cierto tipo de esterilidad en la mujer provocada por la inflamación de la mucosa uterina. Uno de los efectos terapéuticos más interesantes fue descubierto por un médico norteamericano, Philip Pollack, al tratar a una mujer de 52 años que sufría dolorosas hemorroides externas, usando la papaína como bisturí biológico. A las 48 horas de estar recibiendo el tratamiento con papaína, la paciente empezó a sentirse mucho mejor y, tres días después, la, inflamación y el dolor habían desaparecido por completo. Lo mejor, según constató el Doctor Pollack, fue que la cirugía ya no era necesaria. Un cirujano ortopédico de Chicago la utiliza en dislocamientos de los discos vertebrales. Estos discos, de cartílago, obran como amortiguadores de la presión y el roce entre las vértebras. Cuando por algún motivo uno de ellos se sale de su lugar, presiona los nervios con dolorosos efectos. De acuerdo a informes del Doctor Smith, una o más inyecciones de papaína eliminan el dolor y las molestias pues, según su opinión, esta enzima desintegra el núcleo del disco, suprimiendo así la presión y con ello la fuente del dolor. Este tratamiento es considerado experimental, pero más de 30 especialistas lo analizan en diversas clínicas y hospitales de los Estados Unidos. Colaboración del Dr. Antonio Olivares
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