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HAMBRE DE PIEL En la actualidad rendimos un culto enorme a la apariencia externa de nuestro cuerpo. Perdemos peso para estar delgados casi, casi espiritiflauticos. Si alguien se atreve a decir que es talla 36 recibe inmediatamente miradas de lástima y el rechazo se hace inminente. Este cuerpo lo tenemos muy presente, pero, ¿qué hay de nuestro cuerpo interior, de nuestro cuerpo emocional? Ese lo hemos olvidado, sin importarnos que nos brinda las emociones. El contacto con la piel es tan importante en nuestras vidas, que su ausencia puede enfermarnos. Se ha comprobado que las personas que no reciben un mínimo de caricias, besos, abrazos, padecen desórdenes de tipo físico y mental, como la depresión, la inseguridad, la baja autoestima, en fin, un sinnúmero de sensaciones, que no son agradables. Tomando en cuenta algunas teorías de Coleman, más del 90% de los mensajes emocionales que emitimos o recibimos, son a través del cuerpo y causan impactos más fuertes que cualquier palabra. Es importante fomentar en nuestros hijos desde pequeños el ser expresivos y por ende demostrativos. Cuántas veces no hemos escuchado a un papá o una mamá decir a su hijo de 5 o 6 años: "Los hombres no dan besos, ni abrazos, de ahora en adelante es suficiente que des la mano". Este es un error muy grande, la herida de esta palabra se queda grabada para siempre en el niño. No somos solo mentes pensantes, también somos cuerpo y necesitamos sentir caricias a lo largo de toda la vida, no solo en nuestro cumpleaños, o cuando nos dan un pésame, sino cada día de nuestra vida. Nuestra piel tiene hambre, necesita caricias que nos hagan
sentir aceptados, queridos y apreciados: un simple toque nos vincula
con la persona que lo hace y nos despierta sensaciones positivas tales
como relajación y bienestar. Así es que ¡Manos a la obra! Démonos la oportunidad de alimentar nuestra piel y llenarnos de energía y optimismo.
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