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La forma de vivir ha cambiado. Día con día se aprenden cosas nuevas. La ciencia avanza. Los adelantos modernos nos caen del cielo como fuente de lluvia de verano. ¿Y… cómo ha reaccionado el ser humano ante esta avalancha de novedades? Obviamente aceptamos el desarrollo tecnológico, nos ha abierto un panorama con posibilidades ilimitadas. Tan sólo la computadora nos ha allanado y aligerado infinidad de obstáculos en todos los campos; en el médico, científico, comercial, artístico, etc… A la fecha hasta los pequeños la han convertido en su eterna compañera. Todo ha cambiado en relativamente corto tiempo: edificios inteligentes que encienden sus luces conforme termina la luz del día, sin tener que prender ningún botón; autos computarizados, telefonía móvil, música diferente, implementos del hogar que faciliten el trabajo de las amas de casa. También la gente ha cambiado, ahora corre continuamente de un lado para otro, entre miles de autos que abarrotan la ciudad. Se vive con prisa. No alcanza el tiempo para nada. ¡Siempre correr y correr! Estrés y más estrés, inquietud. Hay que devorar la vida a tarascadas, no hay tiempo para saborearla. ¡Cuánto hemos avanzado!, ¡qué sabios somos! Con apretar un botón podemos ver y oír lo que sucede en cualquier parte del mundo. Nos comunicamos con Asia, Australia p Tierra del Fuego, aunque no sepamos qué están haciendo o necesitando nuestros seres queridos que están en la habitación contigua. Podemos realizar en segundos operaciones matemáticas complicadísimas. ¿Y con nuestros sentimientos?, ¿los tenemos al día?, ¿sumamos correctamente la paciencia con nuestros hijos, vecinos o amigos?, ¿restamos con paciencia nuestra ira?. ¿nos multiplicamos entre los que nos necesitan?, ¿dividimos nuestra ayuda entre los menos afortunados? Tenemos presente lo que acontece en el espacio exterior. El lanzamiento de cualquier cohete mueve nuestra atención, pero… hemos olvidado el espacio interior. Se han perdido infinidad de valores para subsistir con amor, armonía y paz. Aún es tiempo para reflexionar y dar marcha atrás para retomar lo que verdaderamente nos hace vibrar. Estar al día en el presente, pero sin olvidar nuestro pasado. Sonia Rubalcava Durand
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