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Para referirnos a esta planta tenemos que remontarlos a la época prehispánica. El amaranto, que además de ser una de las plantas de mayor valor nutricional, era de gran belleza tanto por sus hojas de brillante color verde, por sus espigas, también de vivos colores, que ofrecían siempre tan bello espectáculo en la campiña Mesoamérica, que todos los pobladores la consideraban como una planta sagrada. Tomando en cuenta esta idea, en la fechas del calendario azteca, que señalaba grandes ceremonias, el amaranto siempre estaba presente. Las mujeres cosechaban las pequeñas semillas de las espigas, las molían y las mezclaban con sangre humana o miel de maguey, haciendo con esta mezcla una pasta con la que formaban figuras de serpientes, aves, dioses, etc. y se las comían durante las ceremonias con gran devoción enlazando su pensamiento al de sus dioses. Este acto tenía curiosamente gran similitud a la “comunión” que se practica en el “catolicismo”. Años más tarde a la llegada de los españoles, esta costumbre los escandalizaría enormemente por considerarla sacrílega y se prohibiría de inmediato no sólo realizarla sino hasta cultivar la planta del amaranto. Los Aztecas desde la prehispania estaban consientes de las maravillosas propiedades alimenticias del amaranto. A tal grado llegaba su precio por estas pequeñas semillas, que gran parte de los tributos que se tenían que rendir a la gran Tenochtitlán, eran pegados con estos granos, llegándose a juntar hasta 20 mil toneladas de los mismos con la contribución de 27 provinciasCon la prohibición de los españoles se abandonó el cultivo del amaranto, quedando el fríjol y el maíz como base de su alimentación. Por ese entonces esta planta se encontraba casualmente dispersa por las regiones montañosas. No fue sino hasta el siglo XVIII cuando volvió a resurgir, logrando nuevamente multiplicarse por toda Mesoamérica y así llegar hacia América Latina, Europa y Asia. El amaranto está considerado como la planta “más nutritiva del mundo”. Tiene gran contenido de proteínas, calcio, ácido fólico y vitamina C. Las semillas tostadas son una fuente tan grande de proteínas que satisface casi todo el requerimiento de éstas en la dieta de un pequeño. La combinación de una parte de arroz y otra de amaranto, alcanza las especificaciones proteicas de la Organización Mundial de la Salud. El amaranto comparado con otros cereales como el arroz, el trigo, maíz y avena, alcanza cifras mayores, tanto en proteínas y carbohidratos, como en calcio y grasa. Esta bella planta no sólo es útil por sus
semillas, sino que también cuenta con sus grandes hojas que son
excelentes para frescas ensaladas y también gran variedad de
guisos como: sopas, tamales, jugo y tortillas. Como también contienen ácido fólico es aconsejable para las mujeres embarazadas, ya que esta vitamina reduce hasta un 75% los defectos del tubo neutral (defectos en el cerebro, columna vertebral, cara) además protege contra el cáncer de ovarios, enfermedades del corazón, etc. Consulte a su médico. Por si esto fuera poco, el amaranto se digiere perfectamente y puede hacerse con él riquísimas viandas, sin olvidar por supuesto las famosas “alegrías” de las que daremos a usted la receta: 1 kilo de amaranto tostado Se hierve el agua con los piloncillos, ya hirviendo se agrega el limón, se deja hervir hasta que esté de punto de bola (deje caer una gota de la miel en un vaso de agua fría y si se forma una bolita en el fondo, ya está lista). Se retira del fuego y se mezcla perfectamente con el amaranto tostado. Se vacía en un cuadrado de madera previamente hecho, se compacta fuertemente con un rodillo y se corta en cuadros con un cuchillo mojado.
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