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Aunque actualmente esta fibra se fabrica en gran parte del mundo, su origen fue netamente asiática - ¿Quién no ha admirado un Sari Indio o un elegante Kimono Japonés? – ambas prendas hechas con esta milagrosa fibra. La seda ha cautivado con su elegancia a personas de todo el mundo. Ésta no siempre estuvo al alcance de todos porque en épocas pasadas la producción de ella era exclusiva de los chinos. Al ser ellos los únicos que la fabricaban, crearon un monopolio que dio como resultado que ésta fuera muy costosa. Fue el emperador bizantino Justiniano quien en el año 550 ideó un plan para hacerse de los pequeños y codiciados gusanos de seda. Envió en misión secreta a dos monjes chinos que portaban sendos bastiones huecos de bambú, en ellos escondieron unos jebecillos de este animalito y regresaron a su país. Esta fibra es producto de la oruga de la mariposa de seda. Para elaborar las telas se necesitan muchísimos gusanos de seda, de ahí que naciera la sericultura (cría de estos gusanos). Aunque ya se ha industrializado, en Japón hay alrededor de dos mil hogares que conservan la tradición de fabricar su propia seda. La hembra de la mariposa de seda pone hasta 500 huevecillos del tamaño de la cabeza de un alfiler; a los veinte días nacen los pequeños gusanos. El apetito de estos animalitos es insaciable, pues comen día y noche hojas de morera; este festón diario origina que en 18 días aumenten 70 veces su tamaño. Cuando el gusano llega a la madurez, habrá aumentado su peso diez mil veces y estará listo para hilar su capullo. Se pondrá inquieto y buscará un sitio donde tejerlo. Los asiáticos crearon sabiamente pequeños cubículos de madera con muchas aberturas cuadradas para que segreguen ahí su fino hilo blanco y se envuelvan en seda. A estas alturas, en el interior de la oruga ha ocurrido un cambio, las hojas de morera ya digeridas, se han transformado en fibroína, proteína que se almacena en dos glándulas que van de un extremo al otro del cuerpo de la oruga. La baba de fibroína se cubre de una sustancia gomosa, la sericina. Al salir de la hilera (órgano que sirve para hilar que está en la boca del gusano de seda), las babas de fibroína de las dos glándulas quedan unidas gracias a la goma de sericina. En cuento les da el aire esta fibra líquida se vuelve sólida formando un solo hilo. Cuando la oruga empieza a hilar no se detiene. Produce entre 30 y 40 centímetros de fibra por minuto sin dejar de menear la cabeza. Se piensa que para cuando haya terminado el capullo, la habrá meneado unas 150 mil veces. Después de 48 horas el gusano de seda habrá producido un hilo continuo con una longitud de 1,500 metros. La hechura de un kimono requiere cerca de 9 mil capullos, la de una corbata 140, y un pequeño pañuelo posiblemente de 100. La fabricación de la seda consiste en deshilar el capullo y enrollar la fibra en un carrete; previamente los capullo se han puesto en agua caliente o vapor para ablandar la fibra. El tercer paso es torcer el hilo. Entre menos torcido
esté más suave y lisa al tacto será la seda. Para los que nos sentimos tristes por saber que hay que darle muerte a tantos seres vivos para lograr tener una prenda hecha de seda, queremos anunciarles que recientemente un joven hindú ha iniciado un nuevo sistema para extraer las pupas o crisálidas antes del proceso de calentar los capullos para deshilarlos. La próxima vez que adquiera una prenda de seda tenga usted presente el trabajo y dedicación de quienes hacen posible que usted la porte. Aunque la mayor producción de seda se realiza en la India y China, los diseñadores franceses e italianos siguen a la cabeza con sus creaciones a nivel nacional.
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